Ahora bien, la desobediencia es el
incumplimiento de una ley o una orden[1],
por lo que no se considera solo un antivalor, sino un mal hábito. La
desobediencia se ha convertido en una costumbre, que ha permitido al hombre
verla como si fuese algo normal. Al ser desobedientes nos transformamos en
personas que son rechazadas ante la sociedad, ya que nos queremos regir por
cuenta propia. “Para ser desobediente tienes que ser inteligente, tienes que
tener las agallas de ir contra las reglas, de intentar algo nuevo por primera
vez, de arriesgarte en lo desconocido” (Dayal, p. 28). En cambio, cuando somos
obedientes, somos personas respetuosas y que, no importando la condición, son
aceptadas y logran un buen reconocimiento por la sociedad. En tanto, de una
manera u otra, si somos seres que respetamos, entonces seremos obedientes y
tratadas del mismo modo.
Sin lugar a dudas, ser desobedientes
no nos beneficia en ningún sentido, porque creamos actitudes negativas en
nosotros. Pero, si somos obedientes, entonces sentimos gratitud y afecto por
parte de los demás y ser vistos como personas que se dan a respetar. En tanto,
la desobediencia se ha convertido en una mala costumbre, el cual día tras día,
los individuos nunca dejan de practicar. La desobediencia, al igual que muchas
y diferentes circunstancias, tiene causas, que son los medios que hacen posible
que se ejecuten las mismas. Entre las causas que originan la desobediencia
están: falta de orden por parte de los padres, apoyo sobreprotector y dejar
hacer a los hijos su propia voluntad. Por eso, las
personas llegamos a ser libres fundamentalmente a través de actos de
desobediencia; temer a la libertad es sinónimo de no atreverse a decir “no”[2].
Sin embargo, tales causas son las
originadoras de este antivalor tan despreciable por la sociedad y un sinnúmero
de padres y maestros. A veces vemos la desobediencia como algo natural y que no
seremos criticados por ello, porque no tenemos la mentalidad para determinar
que es lo incorrecto y que no trae consecuencias. Pero sí traen consecuencias
que pueden ser severas y que causan el desprestigio de la comunidad, como son:
suspensión de objetos tecnológicos (en caso de ser un joven), mala fama en el
entorno comunitario, entre otras. No obstante, los desobedientes suelen ser
individuos que van precisamente “contra corriente”, que defienden su opinión en
contra de la idea general de los demás y que apelan, a la hora de tomar
decisiones a su conciencia[3].
Para concluir, ser desobedientes no
implica mucho esfuerzo ni tiempo, porque solo se tienen que incumplir leyes y órdenes,
y así lograremos desobedecer. La desobediencia no es tan sólo una etapa que
pasa temporalmente, sino que es un error que se está apoderando de nuestras
vidas. Al aplicar este antivalor en la vida cotidiana, podremos ver cómo miles
de personas nos despreciarán por el hecho de ser malcriados. Cuando somos
desobedientes, somos irrespetuosos, y si somos irrespetuosos, entonces estamos
violando derechos y deberes que debemos tener inculcados. Por tal motivo, si
somos desobedientes e irrespetuosos en todos los ámbitos, entonces se verá la
desobediencia como antivalor presente en el individuo.