sábado, 8 de febrero de 2014

La Mansión de E. M. Forster (Pasajes)


  • "Londres encendía sus luces contra la noche. Las lámparas eléctricas siseaban tallando las penumbras en las calles principales; las luces de gas, en las calles secundarias, emitían su luz dorada y verdosa. El cielo era un purpúreo campo de batalla de la primavera, pero Londres no lo percibía. El humo mitigaba el esplendor y las nubes, a la altura de Oxford Street, formaban un techo delicadamente pintado que adornaba, pero no distraía. Londres nunca ha conocido los ejércitos triunfales del aire puro. Leonard se apresuraba por entre aquellas maravillas teñidas, formando parte del conjunto. La suya era una vida gris y para iluminarla había destinado unos rincones a  la aventura".
  • "El torrente de amor, después de haber salpicado con unas gotas a Margaret, se desvió hacia su curso habitual. Margaret los miró con simpatía. Con el aplomo había recobrado la sociabilidad. La conversación y el silencio le complacían por igual, así que, mientras Míster Wilcox hacía algunas averiguaciones previas sobre el queso, sus ojos estudiaron el restaurante y admiraron sus bien calculados tributos a la solidez de nuestro pasado".


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