viernes, 28 de febrero de 2014

La desobediencia como antivalor presente en el individuo.


Para dar inicio, el individuo piensa que a veces no hacer las cosas bien es lo correcto, pues sólo visionan a partir de su perspectiva. Al pensar de esta forma, no se dan cuenta del error que cometen, pues, para otras personas pueden significar actitudes negativas. De vez en cuando, tales actitudes nos hacen caer en decisiones equívocas, las cuales nos pueden afectar por no hacer lo que se nos pide. Por eso, hacer lo correcto será lo que los demás verán en nosotros y nos criticarán de acuerdo a nuestra actitud y forma de pensar. Por tal razón, nunca debemos olvidar que la vida del ser humano tiene valores y antivalores que lo hacen diferentes, que lo incitan a hacer el bien o el mal, por ello se considera la desobediencia como antivalor presente en el individuo.

Ahora bien, la desobediencia es el incumplimiento de una ley o una orden[1], por lo que no se considera solo un antivalor, sino un mal hábito. La desobediencia se ha convertido en una costumbre, que ha permitido al hombre verla como si fuese algo normal. Al ser desobedientes nos transformamos en personas que son rechazadas ante la sociedad, ya que nos queremos regir por cuenta propia. “Para ser desobediente tienes que ser inteligente, tienes que tener las agallas de ir contra las reglas, de intentar algo nuevo por primera vez, de arriesgarte en lo desconocido” (Dayal, p. 28). En cambio, cuando somos obedientes, somos personas respetuosas y que, no importando la condición, son aceptadas y logran un buen reconocimiento por la sociedad. En tanto, de una manera u otra, si somos seres que respetamos, entonces seremos obedientes y tratadas del mismo modo.

Sin lugar a dudas, ser desobedientes no nos beneficia en ningún sentido, porque creamos actitudes negativas en nosotros. Pero, si somos obedientes, entonces sentimos gratitud y afecto por parte de los demás y ser vistos como personas que se dan a respetar. En tanto, la desobediencia se ha convertido en una mala costumbre, el cual día tras día, los individuos nunca dejan de practicar. La desobediencia, al igual que muchas y diferentes circunstancias, tiene causas, que son los medios que hacen posible que se ejecuten las mismas. Entre las causas que originan la desobediencia están: falta de orden por parte de los padres, apoyo sobreprotector y dejar hacer a los hijos su propia voluntad. Por eso, las personas llegamos a ser libres fundamentalmente a través de actos de desobediencia; temer a la libertad es sinónimo de no atreverse a decir “no”[2].

Sin embargo, tales causas son las originadoras de este antivalor tan despreciable por la sociedad y un sinnúmero de padres y maestros. A veces vemos la desobediencia como algo natural y que no seremos criticados por ello, porque no tenemos la mentalidad para determinar que es lo incorrecto y que no trae consecuencias. Pero sí traen consecuencias que pueden ser severas y que causan el desprestigio de la comunidad, como son: suspensión de objetos tecnológicos (en caso de ser un joven), mala fama en el entorno comunitario, entre otras. No obstante, los desobedientes suelen ser individuos que van precisamente “contra corriente”, que defienden su opinión en contra de la idea general de los demás y que apelan, a la hora de tomar decisiones a su conciencia[3].

Para concluir, ser desobedientes no implica mucho esfuerzo ni tiempo, porque solo se tienen que incumplir leyes y órdenes, y así lograremos desobedecer. La desobediencia no es tan sólo una etapa que pasa temporalmente, sino que es un error que se está apoderando de nuestras vidas. Al aplicar este antivalor en la vida cotidiana, podremos ver cómo miles de personas nos despreciarán por el hecho de ser malcriados. Cuando somos desobedientes, somos irrespetuosos, y si somos irrespetuosos, entonces estamos violando derechos y deberes que debemos tener inculcados. Por tal motivo, si somos desobedientes e irrespetuosos en todos los ámbitos, entonces se verá la desobediencia como antivalor presente en el individuo.

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